Fue el capo del crimen que dio glamour a la mafia.

Transformó el crimen organizado de una actividad de matones en un gran negocio, dirigido como una corporación con él mismo en la cima».

Fue el primero en darse cuenta de que la Ley Seca era una oportunidad de negocio para acumular enormes riquezas, y fue el mentor de gánsteres como Lucky Luciano, Legs Diamond, Dutch Schultz y Meyer Lansky.

Y sin él probablemente no habríamos tenido todos los dramas de la mafia que tanto nos gustan, como El Padrino, en el que tuvo una enorme influencia, y Boardwalk Empire, en el que era un personaje central.

Pero se le perdonaría no conocer el nombre de Arnold Rothstein, que fue asesinado hace poco más de 90 años, el 6 de noviembre de 1928, por negarse a pagar una deuda de 300.000 dólares por una partida de póquer amañada.

El padre fundador del crimen organizado era conocido, como tantos mafiosos, por una variedad de apodos que dan una idea del enorme papel que desempeñó: «El Cerebro», «Mr. Big», «El Arreglador», «El Gran Capital» y «El Hombre de Arriba».

Nacido en una vida acomodada en la ciudad de Nueva York en 1882, el hombre que llegaría a dominar la mafia judía de la Gran Manzana comenzó a jugar de niño: «Siempre he apostado. No recuerdo cuando no lo hice. Tal vez jugaba sólo para demostrarle a mi padre que no podía decirme lo que tenía que hacer, pero no lo creo.

«Creo que jugaba porque me encantaba la emoción. Cuando jugaba, nada más importaba».

No es de extrañar que a finales de sus 20 años Rothstein hubiera establecido un importante casino y estuviera involucrado en un hipódromo donde supuestamente amañaba muchas de las carreras, haciéndose millonario a los 30 años.

Pero el delito que le hizo famoso, del que nunca fue condenado, fue supuestamente amañar las Series Mundiales de béisbol de 1919.

Se cree que sus hombres pagaron a miembros de los Medias Blancas de Chicago para que perdieran la serie contra los Rojos de Cincinnati mientras él apostaba contra ellos y obtenía un enorme beneficio en lo que se hizo famoso como el escándalo de los Medias Negras.

La llegada de la Ley Seca hizo que Rothstein se diversificara en el contrabando y los estupefacientes, contrabandeando whisky canadiense por el Hudson hasta Nueva York y a través de los Grandes Lagos.

Adquirió participaciones en un gran número de bares clandestinos y fue el primero en introducir whisky escocés en los Estados Unidos en su propia flota de cargueros transatlánticos.

Apoyado por banqueros y políticos, Rothstein pudo obligar a Tammany Hall -la maquinaria política demócrata que dirigía Nueva York- a colaborar con las diversas bandas callejeras dirigidas por los mencionados matones.

Medió entre las bandas, cobrando una fuerte tarifa por sus servicios, y se convirtió en un mediador influyente en el mundo de los negocios legítimos de la ciudad, obligando a Tammany a reconocerlo como un aliado necesario para dirigir la ciudad.

Conocido por muchos como el primer traficante de drogas moderno de éxito, en 1925 el imperio criminal de Rothstein era enorme. Era el mayor contrabandista del país y había amasado una fortuna equivalente a 150 millones de dólares en dinero actual.

Rothstein solía hacer negocios en la calle rodeado de sus guardaespaldas, pero no le sirvieron de nada cuando le dispararon y le hirieron mortalmente durante una reunión de negocios en el hotel Park Central.

El tiroteo estuvo aparentemente relacionado con las deudas que contrajo tras una racha de tres días de póquer el mes anterior, que según él estaba arreglada y por eso no quiso pagar.

Rothstein permaneció durante dos días, pero se negó a dar nombres y nadie ha sido acusado del asesinato.

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